En Santo Domingo Este, el Paseo de la Historia, destinado a exaltar la identidad dominicana, refleja un vergonzoso abandono con banderas nacionales desgastadas y convertidas en trapos, violando la Ley 210-19 que exige su mantenimiento. La denuncia, viralizada en redes sociales, fue acompañada por un video específico del monumento a José Francisco Peña Gómez —líder histórico del Partido Revolucionario Moderno (PRM), al cual pertenece el alcalde Díoris Astacio—, mostrando banderas raídas en este sitio emblemático, lo que añade ironía al descuido por parte de un funcionario de su propio partido.
Este caso recuerda las denuncias de julio de 2025 contra el Faro a Colón, donde banderas dominicanas y extranjeras fueron dejadas en estado deplorable, con responsabilidad compartida entre el Ministerio de Cultura y la Comisión del Quinto Centenario, generando críticas del Instituto Duartiano por incumplimiento legal. En ambos sitios, la negligencia indigna a ciudadanos que ven en las banderas raídas un irrespeto al orgullo nacional, mientras el Ayuntamiento de Santo Domingo Este (ASDE) y las autoridades estatales miran hacia otro lado.

Mientras las banderas se deterioran, el ASDE, con un presupuesto de RD$3,579,901.17 millones para 2025, derrocha millones en lo que llaman “vender una marca ciudad” a través de campañas de promoción turística y en uniformes de lujo para la mal llamada Policía Municipal, que opera como un cuasi ejército privado del alcalde Díoris Astacio, realizando operativos ilegales de tránsito en Ciudad Juan Bosch.
El Faro a Colón, bajo gestión estatal, también sufre abandono crónico, con fondos nacionales insuficientes para mantenimiento pese a un presupuesto de RD$1,484,234.6 millones. El costo de reemplazar banderas —estimado en RD$5,000-10,000 por unidad— es insignificante frente a estos gastos superfluos, evidenciando prioridades equivocadas que favorecen la imagen política sobre el patrimonio cultural.
La inacción del ASDE y el Ministerio de Cultura, junto al silencio del Concejo de Regidores, agrava la percepción de opacidad en un país donde la corrupción drena RD$26,000 millones anuales. La falta de auditorías y planes de mantenimiento en ambos sitios erosiona el civismo y el turismo cultural, mientras se destinan recursos a proyectos de autopromoción de un capricho del alcalde que él considera es una marca ciudad y a una Policía Municipal que excede su mandato.
Urge que las autoridades reemplacen las banderas, rindan cuentas y prioricen el respeto a los símbolos patrios, evitando que espacios como el Paseo de la Historia y el Faro a Colón sigan proyectando abandono en lugar de orgullo dominicano.



